IMG_20201002_130437.jpg

Historia

Los lápices de color son lápices que tienen una mina de pigmento de color envuelta normalmente en madera. Mientras que los lápices de grafito estándar tienen la mina hecha de grafito y arcilla, la mina de la mayoría de los lápices de color está hecha de cera, pigmentos, aditivos y agentes aglutinantes. Existen otros lápices de color a base de aceite, solubles en agua y algunos incluso en formato portaminas.

La historia temprana de los lápices de color no está muy bien documentada. Aunque actualmente entrarían más en el terreno de las ceras y crayones usadas desde la más temprana antigüedad.

 

Se sabe que los antiguos griegos usaban herramientas de escritura similares a nuestras ceras y Plinio el Viejo registró que los romanos también empleaban ceras de colores.

 

Los primeros lápices de color con cubierta de madera aparecieron en el siglo XIX y se utilizaban para "comprobar y marcar".

Staedtler, empresa alemana propiedad de Johann Sebastian Staedtler, inventó el lápiz al óleo en 1834. La producción de lápices de color con fines artísticos comenzó en los albores del siglo XX.

 

Los primeros lápices de color artísticos fueron inventados y producidos en 1924 por Faber-Castell y Caran d'Ache. Berol comenzó a fabricar su gama de lápices en 1938.

Otros grandes marcas que también crearon lápices de color a finales de los años 30 y principios de los 40 fueron Derwent, Progresso, Lyra Rembrandt y Blick Studio.

 

Pocos fabricantes afirman haber inventado el primer lápiz acuarelable (o lápiz acuarela), un tipo de lápiz con una mina soluble al agua cuyo origen sigue siendo incierto.

Aprende

Hay diferentes tipos de lápices de color dependiendo de su uso previsto. Los lápices para artistas tienen una mayor concentración de pigmentos de alta calidad que los lápices de color para estudiantes. También tienen características medidas y definidas como

 

  • La "solidez a la luz" (la capacidad de un pigmento de conservar su apariencia de color original bajo exposición a la luz, es decir, la resistencia a los rayos UV en la luz solar),

  • La durabilidad del núcleo,

  • La rotura

  • La resistencia al agua.
     

Los lápices de color de los estudiantes y de los grados escolares son de inferior calidad que los artísticos. No solo están hechos de pigmentos de una calidad menor, sino que su solidez a la luz también es inferior, su gama tonal es más reducida, pero a su favor, son mucho más fáciles de borrar, precisamente por eso se emplean en la animación.

Los portaminas de colores son básicamente recambios en forma de minas de colores para portaminas estándares. Se producen en una paleta de color mucho más reducida que los lápices de color tradicionales, pero todavía continúan existiendo.

Los lápices acuarela (también lápiz acuarelables o lápices solubles en agua) son lápices que pueden comportarse como acuarelas si son tratados con pinceles húmedos. También se pueden utilizar en seco y usarlos como lápices de color normales.

El lápiz pastel es una versión de la pintura al pastel en formato lápiz. Su mayor rigidez y su punta afilada, le confieren la posibilidad de añadir detalles precisos en una composición que haya usado las tradicionales barras de este material.


Cómo se Hacen los Lápices de Colores

 

La creación de un lápiz de color es muy similar a la de un lápiz de grafito normal. Primero se creará la mina que supondrá el núcleo del utensilio. Su composición variará según el tipo, marca y modelo, pero la mezcla resultante saldrá con forma de barritas mediante una máquina de extrusión. Dicha barrita es cortada en segmentos de igual longitud para formar la mina que conocemos. ​

 

La envoltura, habitualmente fabricada a partir de madera de cedro, es tallada con forma de varillas normalmente hexagonales. Esta madera se trata con distintos materiales como la cera para evitar el astillado.

 

Después se corta en dos mitades idénticas y se talla una acanaladura en el centro de la cara más ancha de cada mitad. ​Dentro de ese canal se coloca la mina de color, se encola la madera y se pone encima la otra mitad para volver a formar una varilla hexagonal.

 

Tras esto, básicamente tenemos un lápiz funcional, sin embargo los fabricantes no suelen dejar aquí su trabajo. ​

 

Tras el encolado, se procede con el lacado exterior que le aplica un color similar que ayude a identificar el color de la mina.

 

Después se añaden los serigrafiados (habitualmente en relieve) de marca, número, y nombre de color en las distintas facetas y según el estilo de la marca. ​

 

Por último, los lápices se pasan por una amoladora de banda mientras dan una vuelta completa sobre sí mismos. Esto consigue la punta afilada y pulida que tienen los lápices en su primer uso. ​

 

​¿Cómo se usan?

 

La técnica tonal es la más común. Se basa en la aplicación de sucesivas capas que van desde los tonos claros o suaves a los más oscuros e intensos. Pero hay más:
 

  • El bruñido es la técnica mediante la cual se pulen las zonas deseadas del dibujo con un trapo o el dedo para realzar el brillo del color.

  • El rayado consiste en la utilización de líneas superpuestas y cruzadas para conseguir matiz y mezcla. Las zonas con mayor incidencia de líneas serán aquellas con mayor intensidad.

  • El blanqueado hace uso del lápiz blanco para suavizar colores, resaltar zonas y difuminar restos de trazos.

  • El borrado emplea una goma para eliminar áreas. De esta forma se puede usar para crear brillos y zonas de luz en el dibujo.

  • El frotado se usa para crear texturas, para ello se coloca una superficie con relieve debajo del papel y se frota la punta del lápiz por encima.

  • El puntillismo es una técnica que crea dibujos mediante el uso de puntos y juega con el espaciado entre ellos para crear intensidad, volumen o iluminación. ​

 

Información obtenida aquí

 

¿Qué lápices me compro?

Prisma color (145 € caja 0,98 € unidad.):

 

Hay cajas de 150 lápices y tienen base de cera, lo que hace que sean cremosos y fáciles de mezclar entre sí. Además colorean fácilmente, se adhiere la cera al papel de manera sencilla y hacen más fácil las transiciones de color y los degradados. 

  • Pros: Son baratos, para iniciados está bien. Puedes probar con degradados. 

  • Contras: La mina se parte fácilmente, se sale de la madera de baja calidad y se rompen a menudo. Con sacapuntas eléctrico o con una navaja o cúter, puedes mejorar la experiencia. Es difícil hacer detalles. No son resistentes a la luz, por lo que los colores pueden estropearse al someterse a la luz solar. No conviene para encargos. 

Morgan Davidson es un ejemplo de artista que trabaja con estos lápices. 

Policromos de Faber-Castell  (173 € caja 1,44 € unidad): 

 

120 colores hechos con base de aceite. Faber-Castell solo emplea madera de bosques gestionados de forma sostenible. 

  • Pros: La punta se puede afilar, porque la punta es dura. Si se cae el lápiz y se rompe la mina por dentro, la mina no se va a salir de la madera. Al poder afilarse tanto, puedes hacer detalles muy finos. Es buena idea trabajar por capaz, y la superficie no se te queda tan brillante, lo que permite mayor expresividad cromática. Tienen buena resistencia a la luz. 

  • Contras: Los tonos claros no son opacos, así que, si trabajas en papeles oscuros te va a costar más que los colores resalten y queden vibrantes. Si nos pasamos oscureciendo una zona, no vas a poder volver a devolverle el brillo. 

Veronica Winters es un ejemplo de artista que trabaja con estos lápices. 

Luminance (235,96 € caja 3,10 € unidad):

 

76 colores. Tienen base de cera, pero mucho menos que los de Prisma color. 

  • Pros: Son los de mayor calidad y totalmente resistentes a la luz. Los retratos y la naturaleza son los motivos ideales para dibujar con estos lápices. Son duros, resistentes, y la cera no va a gotear cuando pase el tiempo, como en el caso de los lápices Prismacolor. Son totalmente opacos y muy pigmentados. Permiten aplicar colores claro sobre otros oscuros y aclararlos. Incluso dando blanco sobre un fondo oscuro los resultados son increíbles. No se alterará al exponerlo a la luz. 

  • Contras: Los colores oscuros a veces parece que raspan el papel, pero en realidad no daña el papel. Lo malo es el precio que tienen. 

Julie Podstolski es un ejemplo de artista que trabaja con estos lápices. 

Lyra Polycolor (99,95 € caja, 1,39 € unidad): 

 

78 colores brillantes e intensos. Muy resistentes al agua y a la luz y con base de aceite vegetal, y no de cera. 

Pros: Afila excepcionalmente bien, sobre todo si lo hacemos con sacapuntas eléctrico o con manivela. No se rompen, no pierden la punta. Un lápiz de calidad de artista y con un rango de precio razonable. 

Contras: No son los ideales para pintar vegetación. Mezclan algo peor que los prismacolor. 

Tomas Moran Uturralde es un ejemplo de artista que trabaja con estos lápices.

Aquí puedes encontrar más información, que es la página a la que accedí para contarte pros y contras.

Derwent (54,99 € caja, 0,46 unidad)

 

120 colores. Son los equivalentes a los primeros, los Prismacolor, pero de menor calidad, y por tanto, menos precio. La marca Derwent tiene tres gamas de colores: orientada a niños (uso escolar), una segunda línea enfocada hacia el aficionado, y una tercera dedicada exclusivamente a lápices técnicos para artistas y profesionales de bellas artes. Los lápices Derwent Artist tienen mina basada en cera suave con pigmentos de alta calidad. Son ideales para trabajar en capas y fusionar colores entre sí.

Pros: Aunque no son acuarelables, se pueden suavizar y mezclar con la ayuda de un pincel empapado en disolvente o una muñequilla de algodón. La mina es más dura que los Prismacolor. 

Contras: La caja es de plástico endeble, hay tonos rosas y azules que son muy parecidos y faltan azules tipo cielo, y tonos carne y marrones más realistas. Baja resistencia a la luz, incluso después de 30 días, pierden intensidad. Se rompe la punta. 

Supracolor Caran D'Ache (acuarelables)

Neri Oxman es un ejemplo de artista que trabaja con estos lápices.